Helena levantó el tabique entre los asientos delanteros y traseros en el primer momento.
Así, el espacio trasero se convirtió en un área cerrada y estrecha.
Cira, arrastrada por él, se arrodilló en el suelo del coche, su cuerpo entre sus piernas, su espalda contra el tabique, y él frente a ella.
La estrechez del espacio no le dejaba escapatoria.
Cira, sofocada, empujó el pecho de Morgan: —¡... Qué haces! ¡Suéltame!
Morgan la sujetaba con una mano mientras apretaba su barbilla con la otra, miránd