Joaquín, con un lado de su rostro hundido en el suelo de piedras y lodo y el otro bajo el zapato de Marcelo, maldijo con los dientes apretados: —¡Hijo de puta! Si tienes las agallas, mátame ahora mismo. Si no, juro que me vengaré por esta pierna.
La expresión de Marcelo era indiferente, aparentando calma, pero en realidad ejercía más fuerza con su pie, hundiendo aún más a Joaquín en el suelo.
Marcelo había estado recopilando datos de pruebas tranquilamente cuando Joaquín intentó atacarlo por sor