Mundo ficciónIniciar sesiónAdrian
Sonriendo de forma coqueta, me acerco y arrodillo frente a Silas, observando como ese guapo alfa abre las piernas y bebe un poco de su whisky, una visión muy estimulante. Sin esperar más tomo el borde de sus pantalones y los abro, dejando a la vista su dura hombría, que me hace quedar sin aliento. Con solo una mirada me di cuenta de que es enorme, probablemente el más grande que he visto, por lo que sin dudarlo lo llevo a mis labios, comenzando a lamerlo y estimularlo entre mis manos. Silas solo bebe su trago, luciendo imperturbable. Su reacción parece un reto para mi, pues a pesar de todo mi esfuerzo Silas no parece preocuparse nada, por lo que decido meter su hombría en mi boca, comenzando a chupar con gusto. Tras un par de segundos haciendo el trabajo con mi boca, Silas toma mis cabellos rubios y los revuelve suavemente, empujando un poco mi cabeza en dirección a su miembro. —Parece que si eres un buen chico, te gusta chupar, ¿Tanto deseas esto en tu interior? —pregunta con evidente diversión. Su hombría es tan grande que no pude entrar completamente en boca, haciéndome toser cuando llega a mi garganta, a pesar de que ni siquiera ha metido la mitad. —Eres bastante estrecho, justo como pensaba. ¿No ibas a romperte hasta poder soportar el tamaño de mi polla? Me gustaría responderle que en verdad estoy dispuesto a hacerlo, pero con esa cosa tan enorme en mi boca, solo puedo seguir tosiendo, mientras Silas empuja cada vez más y más adentro de mi garganta. —Hagamos un trato, se un buen niño y metelo todo en tu bonita boca, si lo haces te daré un premio —aseguró Silas con la voz llena de excitación. A pesar de que no puedo dejar de toser y sentir arcadas, me sostengo de las piernas de Silas y cerrando los ojos hago mi mayor esfuerzo, metiendolo más profundo que puedo en mi garganta, hasta conseguir tomarlo todo, a punto de desmayarme por la falta de aire. —Buen chico, parece que si estás dispuesto a romperte para mi, ahora te daré tu premio. Finalmente soltando mis cabellos, Silas permite que saque su gran erección de mis labios, por lo que tosiendo caigo sentado en el suelo, limpiando un poco de saliva de mi barbilla. Con mi respiración muy agitada, no tengo tiempo ni siquiera para reclamar, ya que Silas me obliga a levantarme al tomar mi cintura, acercando sus labios a los míos para besarme de forma apasionada. —¿Te gustó tanto como a mi? —preguntó Silas rozando nuestros labios. —Me dolió… —fui sincero con él— Pero me gusta cuando tú me lastimas. —Entonces te haré sentir mejor. De la misma manera brusca, Silas sube mi cuerpo en el sofá de la sala VIP, abalanzándose sobre mí como un animal hambriento, acercando mi corazón por nuestra nueva cercanía. —Ropa tan delgada, casi translúcida, ¿Que planeabas al usar esto en público? —Silas introduce sus manos en el interior de mi camisa, comenzando a tocar mi pecho. —Es para ti papi, obviamente… —respondo de manera juguetona. Mi cuerpo se estremece cuando los dedos de Silas se aferran a uno de mis pezones, tirando con suavidad. —Que travieso y lindo omega, agradezco el regalo. A propósito, ¿Cuál es tu nombre dulzura? —Puedes llamarme Adrian… —respondo con la voz agitada. Enredando mis brazos en su cuello, nuevamente buscó sus labios, permitiendo que sus dos manos toquen mi pecho. Los suspiros y jadeos interrumpen nuestro beso, ya que con mucha calma Silas presiona mis pezones, tirando de ellos para luego acariciarlos, la mezcla de su rudeza y caricias es tan extraña… —Papi, eso se siente raro… —gimoteo contra sus labios. —¿En serio? Porque parece que te gusta más de lo que quieres admitir. Soltando mi pecho por fin, Silas lleva una de sus manos a mi hombría, acariciando mi erección por encima de la tela de mis pantalones cortos. —Deberías ser más sincero, sabes que esto te encanta. Sin poder ocultarlo más sonrió de forma divertida, observando como Silas me quita los pantalones y abre mis piernas, dejándome completamente expuesto para él. —Que bonito agujero rosa, se ve tan dulce que me dan ganas de lamerlo —dice de manera pervertida, mirando mi entrada. —Entonces deberías hacerlo, si tanto te gusta. Tal vez por un acto de reciprocidad o por que en verdad le atrae mi sexo, Silas se mete enter mis piernas, llevando su boca a mi hombria, la cual se mete en la boca para comenzar a estimularla. Mientras que dos de sus dedos se pasean suavemente por mi entrada, acariciando el exterior por un par de largos segundos, hasta que comienza a penetrarme, preparando mi interior de forma lenta y placentera. —Ah… Papi que bien se siente… —gimoteo removiéndome en el sofá. No es común recibir una mamada mientras me preparan para recibir una polla, por lo que disfruto de la atenciones de Silas con mucho placer, sintiendo como aquellos dos dedos se mueven cada vez más rápido, mientras que mi miembro es deliciosamente succionado por su boca, este tipo si que sabe complacer a un omega. El placer aumenta cuando tres de sus dedos se cuelan en mi estrecho agujero, por lo que comenzando a tensarme por el placer, sujeto los cabellos de Silas con fuerza, creyendo que podría venirme en cualquier segundo. Impidiendo mi orgasmo, Silas abruptamente suelta mi miembro, introduciendo sus tres dedos profundamente en mi interior, haciéndome gemir y jadear con mucho placer. —Este lugar es tan estrecho, ¿Estás seguro que puedes tener bebés por aquí? —pregunta él de forma juguetona, volviendo a embestirme. —Ya te lo dije papi… Rompeme… —respondo con la voz agitada. Esas últimas palabras son el límite de Silas, el cual sacando sus dedos de mi interior me gira bruscamente en el sofá, dejándome acostado sobre mi abdomen. A penas pudiendo levantar las caderas para él, algo muy duro comienza a rozarse contra mi sexo, es la hombria de Silas, el cual solo bajó sus pantalones un poco para follarme. —Te hare mio toda la noche, cachorro —aseguró Silas con la voz ronca por el placer. Un fuerte gemido escapa de mis labios cuando algo enorme comienza a entrar, mi cuerpo se siente tan bien que no puedo evitar temblar, Silas me toma del cabello y empuja mi cabeza contra el sofá, entrando cada vez más en mi entrada, hasta meter su dura hombría completamente. —Muy bien, lo tomaste todo cachorro, ¿Te gusta tanto como mis dedos? La cosa en mi interior es tan grande que presiona todos mis puntos sensibles, por lo que de forma inevitable mi cuerpo comienza a tensarse y un cosquilleo me recorre, teniendo mi primer orgasmo de la noche solo por sentirlo penetrandome. —Parece que si te gustó mucho —Silas rodea mi cuerpo y toma mi miembro, para acariciarlo suavemente. —Me gusta papi, quiero más… —gimoteo aun temblando.






