Lo sentía.
Todos los ojos puestos en mí.
Me ponía la piel de punta.
Me puse junto a Rafael, intentando no moverme demasiado. Mis manos estaban frías, aunque el pecho estaba caliente. Mi corazón seguía latiendo rápido, pero algo en él se sentía... diferente.
No solo miedo.
Otra cosa.
No lo entendía.
La gente—no, los lobos—seguían mirándome. Ninguno habló. Ninguno sonrió. Era como si hubiera entrado en un lugar donde no pertenecía, y todo el mundo podía verlo.
Tragué saliva con fuerza.
"Rafael...