El día antes de la cena, Caleb convocó a Emily al comedor formal, una sala larga y opulenta con una mesa para veinte personas.
Hoy, solo había dos cubiertos puestos en un extremo.
—Esto es un ensayo —anunció Caleb, vestido con un traje informal pero impecable—. Yo seré Chen. Tú, tú misma. Silvia servirá. Quiero que te acostumbres a los ritmos, a los espacios entre platos, al peso de las miradas.
Emily, con un vestido sencillo pero elegante, asintió, sintiendo mariposas en el estómago.
Se sent