POV: Aurora
La realeza muere en el momento en que tus pies tocan el barro sucio de un callejón trasero.
Kieran frenó el coche blindado en seco, derrapando sobre la grava de un camino forestal secundario, a kilómetros de la carretera principal. El motor siseaba, sobrecalentado. El olor a caucho quemado y magia residual llenaba el aire.
—Fuera —ordenó Kieran. No gritó. Su voz era un susurro urgente, militar.
—¿Aquí? —pregunté, aferrándome a mi asiento. Mi cuerpo seguía vibrando por la explosión en la Ciudadela.
—El coche tiene rastreadores. —Lucian ya estaba abriendo su puerta. Su traje impecable estaba manchado de hollín, su cabello plateado revuelto por el viento. Parecía un ángel caído en desgracia—. Marcus los desactivó, pero el Consejo tiene satélites. Si seguimos en este vehículo, somos un blanco en movimiento.
Bajamos.
El bosque aquí no era majestuoso. Era un matorral denso y espinoso que bordeaba los límites de una ciudad humana industrial. La nieve estaba mezclada con ceniza de