Al llegar a la mansión de la familia Moretti, el automóvil se detuvo en el patio principal, iluminado por las luces del jardín. Andrea descendió primero y rodeó el vehículo para abrir la puerta trasera. Con su habitual actitud profesional, inclinó ligeramente la cabeza ante Matteo.
—Señor —saludó Andrea.
Matteo salió sin decir una sola palabra. Su rostro permanecía tan inexpresivo como durante todo el trayecto. Después de acomodarse brevemente el saco, se dirigió de inmediato hacia la entrada p