Alessia desvió la mirada de inmediato cuando Matteo dijo aquello. Le era imposible admitir que había ido a la biblioteca únicamente porque estaba molesta con él.
Si lo decía en ese momento, por alguna razón, le resultaba vergonzoso. Después de pensarlo unos instantes, terminó inventando una excusa.
—Entonces... —dijo Alessia mientras jugueteaba con el borde de la falda que llevaba puesta—. Quiero comer fuera.
Matteo arqueó una ceja.
—¿Comer fuera? —Observó el rostro nervioso de Alessia—. ¿Adónd