Orión
—¡ALTO!
La palabra brotó de mi pecho como un trueno, cruda y furiosa, impulsada por cada gramo de poder que poseía.
Resonó por todo el campo de ejecución, atravesando las risas y los cánticos de la multitud con una fuerza violenta.
Por una fracción de segundo, el mundo se congeló: antorchas titilaron, espadas vacilaron en el aire y docenas de rostros se giraron hacia el sonido como atraídos por una mano invisible.
Entonces estalló el caos.
Mis fuerzas se abalanzaron sobre las filas exteri