Orión
Me detuve cuando mis garras rozaron su piel, pero apenas, conteniéndome para no destrozarla.
Me giré bruscamente y me agarré a los bordes de la pared, respirando hondo para estabilizarme.
Solo intenta meterse bajo mi piel y no puedo permitirle el lujo de permitirlo.
Una vez que estuve seguro de sentirme mejor, me giré para mirarla, asegurándome de que mi loba estuviera bien sujeta.
Freya respiraba con dificultad, con la sangre acumulándose alrededor de su cuello por donde mis garras la ha