Di un lento paso adelante, con los ojos fijos en Blade.
—Yo la he reclamado —dije, con voz baja y firme—. Y eso no cambia. Nunca cambiará. Ni por ti, ni siquiera por lo que sientes.
Blade no se movió. Su rostro permaneció calmado, pero sus ojos estaban llenos de rabia. Eso lo empeoraba. Era como si yo estuviera hablando, pero él realmente no me estuviera escuchando.
No reaccionó, solo siguió mirándome como si mis palabras no significaran nada.
Pero una cosa estaba clara: