Nos estaban acorralando. Nos tenían atrapados.
Había algo en todo esto que se sentía fríamente calculado, como si alguien los hubiera enviado allí sabiendo con total precisión dónde nos encontraríamos.
Antes de que pudiera seguir dándole vueltas al asunto, Jasmine soltó un grito repentino. Me giré justo a tiempo para ver a uno de los rogues aferrarla por el tobillo y arrastrarla por el suelo del bosque.
—¡JASMINE!
Sin pensarlo dos veces, arremetí contra el salvaje.
—¡SUÉLTALA! —rugí.
Como me ig