En el momento en que vi el mensaje en la pantalla de mi teléfono, todo mi cuerpo se quedó frío.
—Qué demonios... —susurré entre dientes, apretando los dedos alrededor del aparato como si pudiera desaparecer si aflojaba el agarre.
El mensaje era corto. Demasiado corto para algo tan grave.
Mi corazón empezó a latir más rápido.
—¿Está todo bien? —preguntó Kendra. Su voz era tranquila, pero estaba llena de preocupación.
La miré, pero mi mente ya estaba muy lejos. Podía escucharla, pero las palabras