Pero antes de que pudiera abrir fuego contra Diego, Noah escuchó a sus espaldas un arma amartillada. Lentamente se giró y se encontró con Adam, quien a diferencia de antes, su expresión reflejaba odio y su mano era firme.
Muy firme, apuntando directamente a la cabeza del hombre.
— Hijo...
— No vuelvas a hablarme así nunca más. — el niño disparó dos veces, golpeando cada una de las rodillas de Noah — ¡No fuiste ni serás nunca mi padre!
Diego notó, impresionado, la habilidad del menor en el manej