PUNTO DE VISTA DE DIANA
Las puertas se abrieron antes de que las tocara.
Sin desafíos ni preguntas. Los guardias se apartaron demasiado rápido, bajando la mirada en cuanto me reconocieron.
Cobardes.
La lluvia empapaba la piedra del patio bajo mis botas, arrastrando la sangre vieja en finos hilos que desaparecían entre las grietas. Los lobos se movían por los muros superiores, fingiendo no mirar.
Ninguno fingía bien.
Seguí caminando.
El castillo se veía igual desde afuera. La misma piedra negra.