Melissa dobló la esquina hacia un callejón sin dejar de correr, pero sintió que sus piernas flaqueaban, y cuando estaba a punto de caer, sintió que alguien la sujetaba con fuerza por el cabello en la nuca.
–Te atrapé, ratoncita, ahora ya verás cuando te entregue al jefe.– dijo el hombre con una voz y una risa asquerosa.
–¡SUÉLTAME, CERDO ASQUEROSO!!– Melissa gritó forcejeando, intentando soltar su cabello mientras arañaba los brazos del hombre.
–Ah, ¿crees que yo soy asqueroso? Tú serás la asqu