Melissa sentía su estómago revolverse con el hombre que se movía encima de ella, manoseando su cuerpo, mientras ella lloraba y le suplicaba que se detuviera, en medio del olor de su sudor pesado, su piel pegajosa y su aliento fétido que le provocaba náuseas.
–no, no, por favor detente, no me toques, sal, sal ¡SAL!–
Melissa abrió los ojos con todo el cuerpo sudado y la respiración agitada, y rápidamente se sentó en la cama y palpó su cuerpo con miedo y pánico.
–él... él me tocó, él me tocó en–
M