Melissa estaba frente al espejo, contemplando su figura. Casi no se reconocía; era como si esas dos semanas hubieran sido dos años. Había cambiado no solo por fuera, sino también por dentro.
Y a partir de ese día, ya no sería aquella huérfana que trabajaba para pagar las deudas dejadas por su padre, sino una mujer de la alta sociedad, prometida de una de las figuras más notables y, bajo la superficie, una acompañante de lujo, un recurso utilizado por hombres poderosos para exhibir su poder y su