[Punto de vista de Araya]
Los días siguiendo la primera transformación de Araya se difuminan en una neblina de entrenamiento y agotamiento. Ronan la empuja a transformarse múltiples veces al día, forzando su cuerpo a adaptarse a la transformación hasta que se vuelve menos dolorosa, menos torpe.
Cada transformación se vuelve más fácil. Los huesos crujen con menos agonía. Los músculos se reforman con más fluidez. El pelaje viene más rápido, más suave.
El lobo blanco de Araya se vuelve más fuerte