Capítulo 2

- ¿Madre crees que nuestro destino este escrito en algún lugar?

 – ¿Otra vez con tus preguntas sin sentido Lía?

 – ¡No es eso mamá, solo que me intriga saber! ¿Sabes? Hay días que tengo sueños extraños, de personas que no conozco, que me dicen que vea más allá de lo que no soy, mi destino lo tengo que encontrar en la entrada de la montaña, en lo más frio, ¡Es allí donde encontrare respuestas! En mis sueños escucho muchas melodías también, siento que las misma me envuelven, como si fueran parte de mí.

– ¡Son solo sueños Lía, simples sueños niña, ya deja de soñar y pon los pies sobre la tierra!

– ¡Mamá tu no entiendes, no eres como papá, él si me entendía y decía que era una chica especial, él decía que yo sería grande e incomparable!

– ¡Lía tu padre no está, ya no eres una niña, despierta!

Discutían las dos mujeres, madre e hija, quienes nunca se ponían de acuerdo en nada. Mónica una mujer hermosa, con una estatura alta, blanca, ojos verdes y cabello castaño claro; siempre le buscaba lógica a todo, no se daba la oportunidad de soñar o imaginar, tal vez porque sus esperanzas se perdieron cuando Henry Lorday desapareció, nunca encontraron su cuerpo, así que las autoridades lo dieron por muerto, fue una extraña y misteriosa desaparición; Lía apenas tenía nueve años cuando sucedió.

Mónica se dio cuenta que estaba siendo muy dura con Lía, pero solo quería que su hija fuera una mujer buena, con una vida normal, que se graduara y estudiara una carrera universitaria, con ofertas laborales, por lo menos algo parecido a lo que ella estudio: ingeniería electrónica.

–Mony puedes decirle a mi hija que baje –Mony era la asistente virtual de la familia Lorday. Su imagen se proyectaba con un holograma; ella controlaba todo en la casa, desde encender la TV o las luces, hasta de llamar a los supermercados para que trajeran lo que necesitaban en los hogares. Manejaba las finanzas, estas asistentes se ajustaban a la economía de la familia, sabían lo que podían comprar o no comprar, tenía conocimiento de los ingresos económicos. En Esferis tenían años que no contrataban empleados domésticos, las mayorías de las casas eran inteligentes. Las casas eran de dos pisos y su estructura redonda.

– ¿Qué quieres madre? –dijo de manera cortante.

–Vamos Lía cambia de actitud, no podemos estar todo el tiempo discutiendo –suspiró- solo nos tenemos la una a la otra.

–Mamá, ¿Dónde está tu familia, y la familia de papá? Nunca me has contado sobre ellos. –Mónica siempre evadía esos temas, no quería que su hija se enterara que ella había crecido en un orfanato. No tuvo padres, fue abandonada siendo una recién nacida. Cuando cumplió los 18 años, ya no podía estar en la casa hogar, así que debía salir de allí, claro que la directora del lugar la ayudó a conseguir un empleo en una ensambladora de naves, gracias a esto nació su amor por la ingeniería, trabajó por tres años y ahorró para estudiar. Investigó todo lo que pudo de la carrera, tanto que entró a la universidad becada; fue allí donde conoció a Henry, estaba estudiando investigación científica, él ya tenía un año estudiando. En ese entonces Henry tenía 24 años, era un joven de buena familia, noble, atractivo, cabello negro liso, moreno, alto y ojos marrones.

Mónica apenas lo vio sintió una gran conexión, se unió a su grupo el cual no era muy grande, el solo andaba con su amigo Alonso Guevara quien estudiaba lo mismo que él.

Mónica no tuvo de otra que contarle a su hija sobre su procedencia. A Lía le conmovió mucho la historia de su madre, sin embargo, no quedó satisfecha, también quería saber sobre la familia de su padre. Mónica no le dijo nada. En algún momento pensó que Henry estaba loco, porque un día le comentó que Lía era la Rapsodia y por eso se alejaron de su familia.

–La historia de la familia de tu padre te la cuento en otra ocasión –cambió la conversación rápidamente-. Ahora quiero que me acompañes a ver una película. La he estado esperando desde el año pasado. –Mónica era una aficionada del cine de realidad virtual. Todos estos establecimientos, eran de realidad aumentada, esto quiere decir, que las personas entraban en una cabina en la cual solo cabían dos, el espacio era de 2x2. La gente se podía sentir parte de la película, ya que eran especie de simulaciones. El cine más pequeño contaba con aproximadamente 100 cámaras de estas.

Cuando iban de camino al cine, no se decidían si ir a la zona aérea o la terrestre, a Lía le llamó mucho la atención, un hombre que gritaba diciendo que él sabía dónde estaban las armaduras sagradas. La joven se le iba a acercar, Mónica la jaló del brazo diciendo: – ¿Adónde vas? No ves que el hombre está borracho, puede hacerte daño. Aparte eso de las armaduras es un simple mito. –Madre es que tengo un trabajo sobre eso, es más, ¡Yo no sé qué hago aquí contigo! Estoy hasta el tope de las tareas. –desesperada dijo la joven, pero Mónica la calmó diciendo que no se preocupara, el salir y distraerse un poco sería bueno, le serviría para tener ideas frescas.

Unos soldados del reino de Masonia no le quitaban los ojos de encima al alcoholizado, estaban en Merical de ilegales, por órdenes del rey Orlando Thalassino; buscaban cualquier tipo de información sobre las armaduras.

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