HOLLY
Tan pronto como Adam se detuvo, salté del asiento y corrí hacia la casa de Deo.
—¿Aun no aparece?
—No—se veía desesperado—. Llamé a la policía, pero tienen que pasar veinticuatro horas para tomarla como desaparecida.
—Haré que mis hombres la busquen—dijo Adam a mis espaldas.
—Yo puedo salir y…
—No—me detuvo—. Quédate aquí.
—Pero quiero…
—Quedate aquí y espérala—me tomó de la mano—. Deo y yo saldremos a buscarla.
Apreté los labios, es cierto, no podía hacer algo tan imprudente, asentí sin