59. Castigo Injusto
Al llegar a la casa Regina se acomodó en su cuarto, tenía una venda en la cabeza por el golpe y su piel seguía igual de pálida, a eso se le sumaba las sombras en sus ojos, tal vez por llorar desde que había llegado al recordar lo que le dijo el mayor.
«Si te hubieras quedado en casa como te ordené esos dos cadáveres serían hombres»
Era su culpa, unos hombres habían muerto por su culpa, gente que seguro tenía famila o amigos, seguro alguien estaría llorando en este momento. Se repetía eso una y