La prisión no me permite dormir nunca, solo bajo la voz y me permito escuchar susurros.
El cansancio ya no es normal, tampoco las náuseas que llegan sin aviso ni la forma en que el mundo parecía girar más lento cada mañana.
Estar llena de estrés, culpa, distintas emociones que no puedo controlar por nada del mundo se ha convertido en mi diario vivir; pero, hay algo que no puedo ignorar y ese papel áspero, entregado sin ceremonia como si fuera un pedazo de servilleta para desechar.
Desde que l