Cap. 40 La santa.
Karma quería quedarse. Parte de él deseaba estar cerca de Erika, asegurarse de que estuviera bien. Pero sabía que sería extraño quedarse en casa ajena, así que suspiró, se levantó del sofá y abrió un portal.

—Será mejor que regrese a la escuela… hay algo que olvidé —murmuró, desapareciendo entre destellos.

Arriba del colegio, en la azotea, Aida estaba agachada, apuntando con su mano a unos estudiantes. No necesitaba binoculares: su vista era tan aguda como la de un águila. Observaba con precisió
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