Ada se puso de pie un martes.
Apoyándose en la mesa de centro.
Un intento.
Dos.
Tres.
Al cuarto, lo logró.
Se puso de pie.
Agarrándose al borde.
Tambaleándose.
Pero erguida.
Observando la habitación desde este nuevo ángulo.
Todo lo que era diferente a estar de pie.
El pájaro de madera sobre la mesa, justo frente a ella.
Finalmente a la altura que tanto anhelaba.
Lo alcanzó.
Kara estaba al otro lado de la habitación.
Inmóvil.
Observando.
La mano de Ada se cerró alrededor del pájaro de madera.
La