Seis meses después de la boda.
Ada tenía quince meses.
Caminando.
Por todas partes.
Con la determinación precisa y concentrada de alguien que había decidido que la locomoción erguida era el estado correcto del ser y lo aplicaba de forma integral.
Caminó hacia el pájaro de madera.
Lo cogió.
Caminó hasta la ventana.
Se lo mostró a la ciudad.
La presentación.
Ahora presentaba el pájaro de madera a todo.
Al techo.
A la ventana.
A Blake todos los domingos.
A Martin cada vez que llegaba.
A Rosa, a qu