—Es hora —dijo Patrick.
Kara miró la pantalla de su teléfono. Las seis y cincuenta y nueve. La cocina de la casa de Blake. Xavier a su lado con un café que ella no había tocado. Martin de pie junto a la ventana. Blake sentado a la mesa con las manos alrededor de la taza, como un hombre que se prepara para algo que ha esperado tanto tiempo que la espera misma se ha convertido en una especie de hogar.
—Envíalo —dijo.
Patrick envió la señal.
Dejó el teléfono.
Durante treinta segundos no pasó nada.