—No nos va a decir nada útil —dijo Xavier en cuanto salieron del coche—. Hombres como Crane no dan información. La venden.
—Entonces pagamos —dijo Jeremy, dirigiéndose ya hacia el edificio—.
—¿Con qué? ¿Con tu encanto?
Jeremy no miró atrás. —Con lo que sea necesario.
Kara los siguió a ambos a través de la entrada de un lugar que desde fuera parecía un salón privado, pero desde dentro se sentía como una trampa. Iluminación tenue. Cabinas privadas. Un silencio que no era pacífico, sino cauteloso.