Me despierto y mi mujer aún sigue aferrada a mi pecho, no sé en qué momento de la noche su pequeña bata se subió y mi mano estaba justo sosteniendo su hermoso trasero… me moví un poco para estar más cómodo —amor, no te muevas tengo sueño.
— mi esposa se quejó y yo sonreí porque ella es un poco dormilona, yo suelo madrugar todos los días, así que como no podía levantarme ni moverme sin molestar a mi esposa decidí seguir durmiendo.
— en algún momento me di la vuelta porque tenía calor, mi esposo