—Estás en un lugar seguro, puedes hablar conmigo.
¿De verdad? Hasta me da cierto temor hablar del infinito de dudas que tengo en mi mente. Me acomodo en el asiento tras dejar mi bolso a mi lado, y apoyar mis brazos en mis rodillas para enterrar mi rostro entre mis manos.
—No me siento bien, y no sé cómo llevar más la situación, intente a solas, pero ya se me escapó todo de las manos. No puedo.
—¿Qué fue lo que se te escapó de las manos?
—Todo —hice una pausa, peinando mi cabello hacía atrás