—Estás en un lugar seguro, puedes hablar conmigo.
¿De verdad? Hasta me da cierto temor hablar del infinito de dudas que tengo en mi mente. Me acomodo en el asiento tras dejar mi bolso a mi lado, y apoyar mis brazos en mis rodillas para enterrar mi rostro entre mis manos.
—No me siento bien, y no sé cómo llevar más la situación, intente a solas, pero ya se me escapó todo de las manos. No puedo.
—¿Qué fue lo que se te escapó de las manos?
—Todo —hice una pausa, peinando mi cabello hacía atrás con esa desesperación que se manifiesta en lágrimas que comenzaron a bajar despiadadas por mis mejillas—. Tengo un contrato para casarme con un hombre que me encanta y estoy embarazada de otro hombre.
Pase las manos por mi rostro para limpiar las lágrimas usando la tela de mi falda para secarme las manos y sin más me enderece para mirar a la mujer que me estaba mirando fijamente con una caja de pañuelos estiradas hacía mí. Cogí una para limpiarme la nariz y el resto de lágrimas antes de doblar