—Decía que si podemos vernos, es algo que necesitas saber.
—Bueno, ¿dónde?
¡Ay, Dios mío! Siento que voy a morir, pero quedamos en un café cercano al hotel que agradecí porque realmente no voy a usar el auto para ir hasta el lugar. Me arregle, pero de tal forma que no me pudiera reconocer nadie, un vestido rojo de hombros desnudos, un sombrero, lentes de sol y un pañuelo que cubría mi cuello. Al menos disimulaba, o eso me dijo el espejo. Caminé hasta la cafetería, ingresando al interior, igno