Capítulo 40

—Decía que si podemos vernos, es algo que necesitas saber.

—Bueno, ¿dónde?

¡Ay, Dios mío! Siento que voy a morir, pero quedamos en un café cercano al hotel que agradecí porque realmente no voy a usar el auto para ir hasta el lugar. Me arregle, pero de tal forma que no me pudiera reconocer nadie, un vestido rojo de hombros desnudos, un sombrero, lentes de sol y un pañuelo que cubría mi cuello. Al menos disimulaba, o eso me dijo el espejo. Caminé hasta la cafetería, ingresando al interior, ignorando quien estuviese adentro, simplemente me senté en una mesa lo suficientemente lejos de la puerta. Ya al hombre le había dicho cómo iría así que es cosa suya encontrarme, pero eso sí que le escribí para decirle que ya estaba en el café, y hasta le tome la fotografía para que pueda ver en dónde estoy. No demoró ni dos minutos en responder, muy al contrario de eso, me respondió que ya estaba en camino. Rogué que fuese pronto porque necesito decírselo ya. Ciertamente no demoró en llegar, diez m
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