Ben llegó más rápido de lo que pensó, cuando le habló por teléfono en la noche no hubiera imaginado que cumpliría su promesa de estar ahí esa misma mañana; pero así era, abrió la puerta y le vió ahí con una maleta pequeña de viaje.
—¡Cariiiiiiii! —exclamó, y la rodeó entre sus brazos. Lisa le abrazo muy fuerte, porque además de necesitar un abrazo de un viejo amigo, también le extrañaba muchísimo.
Nathanael Benson, o Ben, como le decían todas, era la mejor amiga en cuerpo de chico que podrías haber pedido. Todos se conocían desde el jardín de niños, y estuvieron juntos hasta la universidad, ya que al terminarla, cada quien decidió emprender algo con su vida.
Esmeralda decidió trabajar en la aseguradora.
Lisa escogió cuidar de su madre y trabajar en la editorial.
Ben se decantó por vivir en pueblos que no cuenten con médicos.
Y Melina quiso irse de mochilera a vivir cientos de amores.
Tenían un año y medio sin ver a Ben, sin escuchar sus consejos, sus bromas, sus comentari