52. Seducido por la tentación
Las reuniones de negocios del Grupo Accardi siempre habían sido el centro de atención de la alta sociedad.
Nadie entraba sin invitación, y mucho menos sin un apellido que pesara en los salones de mármol y cristal donde se decidían fortunas.
Fue en una de esas reuniones donde Giovanni conoció a Marcella Dubois.
Ella era la hija de su nuevo socio comercial, el dueño de una importante agencia publicitaria francesa con la que planeaban lanzar una campaña de inversión internacional.
Giovanni no tenía intención de impresionar a nadie esa noche. Había ido solo a firmar acuerdos y marcharse, pero la presencia de Marcella alteró el equilibrio.
La vio desde lejos, hablando con un grupo de empresarios. Su elegancia era distinta a la del resto: meditada, provocadora, segura.
Vestía un traje blanco con un escote controlado y labios color vino.
Cada palabra que salía de su boca parecía calculada para dejar huella.
—Señor Accardi —lo saludó, extendiéndole la mano con una sonrisa que no alcan