40. El Diablo regresó
Los mensajes se habían detenido. Las llamadas, también.
Durante tres semanas, Alessia solo había recibido silencio. Un silencio que pesaba como plomo, que la obligaba a proteger cada respiración como si fuera la última.
Estaba escondida en una pequeña casa de campo fuera de Ciudad Vasett, un lugar demasiado común como para llamar la atención, pero lo bastante apartado para que nadie se atreviera a visitar sin ser invitado.
Sus vecina eran amables y cálidos.
La chimenea apenas calentaba, pero