Ares estacionó la camioneta frente al hospital privado, y con cuidado ayudó a Amelia a bajar. Ella se aferraba a su brazo, débil y temblorosa.
—Voy a alzarte de nuevo… —ella negó varias veces.
—No… deja que camine un poco… me siento entumecida.
—Está bien, pero hazlo con cuidado, estás muy débil…
—Ares… —ella se detuvo—. Gracias… yo…
—General… —ambos se volvieron, y Amelia frunció el ceño significativamente—. El médico los espera señor… el teniente también…
Ares lo hizo callar alzando su palma