Capítulo 54. Una mujer hermosa
Arya escuchaba el llanto y los gritos desgarradores de Grimm, los sollozos de su madre, sentía la angustia de su padre, mientras ella se sentía vacía, hueca, se golpeó el pecho, pulsaba su corazón para comprobar si aún seguía latiendo, pero ella no sentía nada.
Aunque sus ojos se anegaron de lágrimas, ella no les permitió caer. Sentía sus pies como atados al suelo, tenía una sensación de irrealidad, como si ese cuerpo no fuera suyo, quiso hablar, pero de su garganta no salía ni el mínimo ruido,