C33-RUMORES.
C33-RUMORES.
El rostro de Susan se llenó de vergüenza. Sus palabras eran como cuchillos, cada uno más filoso que el anterior. Había dicho, sin ningún pudor, que ella era quien lo había buscado, que todo había sido culpa suya.
—Así que mañana mismo vas a ir con una curandera del pueblo —continuó Nico, sin detenerse a medir el daño que estaba causando—. Le dices que vas de mi parte y tomas lo que ella te va a dar. No puedes esperar que el cachorro se forme, ¿entiendes?
Susan lo miró, sus ojos azu