Las lágrimas nublaron mi visión mientras lo miraba. Este era el hombre que cargaría con toda la culpa solo para quitarme el dolor a mí.
—Te amo tanto, Asher —susurré.
Me puse de puntillas, con el corazón acelerado, y él me encontró a mitad de camino. Nuestros labios se buscaron. Fue un beso lento y profundo, de esos que dicen todo lo que las palabras no pueden. Ese beso lo fue todo. Me dio seguridad. Me dio paz. Calmó la tormenta dentro de mí. En ese momento, nada más importaba. ni los disparo