Asher
Comencé a caminar hacia la puerta lentamente. No porque tuviera prisa, sino porque quería que ella entendiera que esta conversación terminaba porque yo estaba permitiendo que terminara.
El silencio me siguió. Entonces:
—La estás destruyendo.
Miré por encima de mi hombro. Ella todavía estaba de pie allí, sujetando su bata con fuerza alrededor de sí misma como si fuera lo único que la mantenía entera.
—La has convertido en uno de ustedes.
La miré fijamente.
—No —dije en voz baja—. Le