Ariella
Luca se movió incómodo en el sofá. Su gran constitución física lucía extrañamente fuera de lugar en mi sala de estar. Su mandíbula se tensó como si estuviera masticando sus propias palabras y, por un momento, se quedó mirando el suelo antes de levantar la vista hacia mí.
—Lamento la forma en que te hablé la última vez que estuve aquí —comenzó, con una voz más baja de lo que jamás le había escuchado—. Lamento no haberte creído cuando me dijiste que Leon era hijo de Ash. Sé que te amena