Ariella
Alan dio un paso más cerca, con sus ojos recorriendo la habitación como si comprobara que realmente estábamos solos. Sus manos estaban ligeramente crispadas a los costados y había una dureza en su mandíbula que yo no había visto antes.
—Yo... no tengo mucho tiempo —aseguró, con voz baja y urgente—. Algo está pasando, Ariella...
Me congelé. Mi corazón dio un vuelco.
—¿A qué te refieres? ¿Qué está pasando? —pregunté, intentando mantener la voz firme, pero tembló un poco.
Sacudió la ca