65. Perdiendo el control
Esos juegos de Casandra lo dejaban fuera de base, y aunque supo de inmediato que solo lo hizo por dar de qué hablar en la oficina, no estaban ni cerca de solucionar sus asuntos.
Pese a ello, ese movimiento le daba una leve esperanza de que no lo odiaba tanto como para acercarse a él y simular que lo haría suyo en el ascensor. Moría de ganas porque fuese así.
No había dormido nada y por lo que podía notar ella tampoco, pero debía reconocer que manejó las cosas de la peor manera y ahora tendría