53. Inesperado
Una vez sus hermanos menores estuvieron fuera, Alexander carraspeó y dirigió una mirada a un sofá de dos plazas a su derecha. Sin embargo, Fabio prefirió quedarse de pie y se acercó justo frente a él. Este sonrió de medio lado, luciendo como un cazador cuando la presa se coloca en la mira.
—¿Y bien?
Colocó sus brazos a los lados y crujió su cuello en un acto altanero. Sabía que no era necesario, pero estaba harto, sobre todo, de los hombres Herrera.
Él no era un chiquillo o un pelele como para