Mundo de ficçãoIniciar sessão— ¿Quién diablos te crees que eres para entrar en mi lugar de trabajo de esa forma? — lo miró fijamente. — ¿Cómo siquiera entraste? no estás en mi registro.
— No hizo falta más que dos palabras bonitas para que la secretaria me deje entrar al edificio.
— Roland, despide a esa mujer. — gruñó.
— B-bien.
Ella lo miró sobre el hombro.
— Se supone







