El eco de la burla final de Keith aún vibraba en el Salón de Té, suspendido entre Duncan y Elara como una nube tóxica de resentimiento y humillación. Duncan estaba rígido, con las manos apoyadas firmemente en la mesa de centro, concentrado en el patrón del terciopelo para evitar la confrontación, tanto con su hermano ausente como con su prometida presente. Elara, por su parte, fingía revisar los catálogos, pero sus ojos estaban fijos en la nada, reviviendo el escalofrío que la palabra "hueco" h