Capitulo 23.

—Buen día —dije al saludar a las secretarias.

—El señor Marchetti programo una junta a las nueve de la mañana.

—Gracias —abrí la puerta de mi cubículo. Al observar el desastre casi me da un infarto de solo pensar en que tenía que organizar de nuevo todos los documentos que ayer utilice para los informes.

Apilé las carpetas y fui colocando las hojas dentro de los aros, estaba punto de terminar el primer tomo cuando un enmicado se resbalo y cayó al suelo. Al levantarlo la esquina de mi escritorio
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