Asher
La luz de la mañana apenas se filtraba a través de las gruesas cortinas de nuestra habitación, pero el ruido de pasos en el exterior me indicaba que el día ya estaba en pleno apogeo. Abrí un ojo y vi a Axel tumbado en la cama frente a mí, profundamente dormido. Por un momento, consideré volver a dormirme, fingiendo que hoy no era un día importante. Pero ese molesto recordatorio de lo que se avecinaba se coló en mi mente: el invitado de mi padre.
El alfa de una manada cercana iba a llegar