Capítulo VIII

La vida en casa de su madre se había hecho de una monotonía enfermiza, o así lo percibía Estefanía. Los mellizos se despertaban a las 6:30, comían y se volvían a dormir a las 7:30. Ya también levantada, se dedicaba a ver el show matutino hasta las nueve, cuando los mellizos volvían a reclamar sus pechos o biberones, según quién la estuviera acompañando. Los bañaba y dejaba listos, para que se volvieran

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