Él dio aletazo adelante y, con una mezcla de felicidad y angustia por la situación a la que lo habían forzado, tomó su mano con ternura.
—No, mi vida. Jamás permitiré que te hagan daño — Aseguró.
Melany ni siquiera quiso escucharlo —No te creo. Eres un mentiroso y te odio muchísimo— Respondió, la rabia temblando en cada palabra.
Kiny supo que no bastarían las promesas; conocía bien el rencor que le guardaba por haberla tomado a la fuerza. Se acercó más, tratando de ser firme y protector.
—Ven c