DAMIAN WINTER
El día estaba siendo insoportablemente normal. Reuniones secuenciales, informes interminables y la eterna sensación de que todos a mi alrededor hablaban más de lo que realmente producían. Ya estaba a punto de terminar otro encuentro inútil cuando el teléfono vibró sobre la mesa.
Miré de reojo la pantalla, esperando encontrar algún cliente o un número interno de la empresa. Pero no. El identificador mostraba el nombre del hospital central de la ciudad.
—Buenos días, ¿es usted el